SI NO VIVES PARA SERVIR NO ESTAS VIVIENDO

Mi nombre es Camila Leyva tengo 21 años, estudio Turismo y Hotelería en la Universidad Católica de Santa María de Arequipa. En mis vacaciones de verano del 2016 tuve la oportunidad de realizar un intercambio a la ciudad de Vitoria que se encuentra ubicado en el estado de Espirito Santo- Brasil, la cual es una ciudad muy bonita, tranquila con un paisaje precioso.

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Hay muchas modalidades de viajar por AIESEC, yo escogí GIRA MUNDO que consiste en trabajar con niños enseñarles sobre cómo cuidar el medio ambiente, emprendimiento, liderazgo, culturas como compartir algo de tu país en este caso yo quería compartirles acerca del folklore peruano ya que me encanta bailar festejo y que mejor que hacerlo con niños!

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Mi experiencia comenzó apenas subí al avión (ya que nunca había viajado sola a otro país), me sentía muy emocionada y al mismo tiempo tenía miedo porque no sabía lo que podía pasar creo que mi peor miedo era llegar y no encontrar a mi host ahí pero menos mal no fue así ya que ni bien llegue tuve la oportunidad de conocer a la que sería mi familia por un mes y medio que duro mi intercambio, convivir con ellos me hizo aprender mucho acerca de la cultura brasilera como el idioma ( fui sin hablar nada y regrese entendiendo todo), la comida ( es deliciosa en especial los jugos), la música (siempre están cantando o bailando), el horario ( me costaba al comienzo ya que ellos están 3 horas adelantados), limpieza ( acostumbran a andar sin zapatos en la casa) incluso tuve que adaptarme al clima ya que es muito quente!!! (Muy caliente). Es impresionante como un país latino americano que se encuentra tan cerca de Perú es tan diferente pero lo que se tiene en común sin duda alguna es el calor familiar ya que mientras conviví con ellos me sentí en familia y como en casa.

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Una vez que conocí a mi familia tuve la oportunidad de conocer a mi equipo de trabajo lo cual fue genial porque pude interactuar con personas de distintos países (chilenos, colombianos, uruguayos, argentinos, egipcios, turcos, alemanes, etc) aprender acerca de su cultura, comprender su manera de pensar, sus costumbres, tradiciones y hasta sus jergas! Muy simpáticos todos formamos un lindo equipo de trabajo lo mejor de todo es que todos estábamos unidos por una misma causa que es la de hacer un cambio en el mundo, tal vez no entendía la magnitud de esta frase o cuanto significaba hasta que llegue a la ONG a trabajar con los niños, conocerlos y saber lo importante que mi presencia era ahí para ellos, ver sus caritas con una gran sonrisa que reflejaban esperanza me llenaba el alma, al comienzo no fue fácil ya que no entendía el idioma y no sabía cómo expresarme con ellos pero a medida que fueron pasando los días tanto ellos como yo aprendíamos mucho, saber su historia de cada uno de ellos que su vida no es color de rosa que viven en lugares donde los hogares disfuncionales es lo más normal del mundo, donde reina la violencia, las drogas son como el dulce de cada día y abrirles el panorama hacerles saber que el mundo no es en esas cuatro paredes sino que hay más y que al partir y despedirte de ellos te cuenten sobre sus sueños para mí fue un gran sentimiento de satisfacción y amor al mismo tiempo entonces pude entender que Mi nombre es Camila Leyva tengo 21 años, estudio Turismo y Hotelería en la Universidad Católica de Santa María de Arequipa. En mis vacaciones de verano del 2016 tuve la oportunidad de realizar un intercambio a la ciudad de Vitoria que se encuentra ubicado en el estado de Espirito Santo- Brasil, la cual es una ciudad muy bonita, tranquila con un paisaje precioso.
Hay muchas modalidades de viajar por AIESEC, yo escogí GIRA MUNDO que consiste en trabajar con niños enseñarles sobre cómo cuidar el medio ambiente, emprendimiento, liderazgo, culturas como compartir algo de tu país en este caso yo quería compartirles acerca del folklore peruano ya que me encanta bailar festejo y que mejor que hacerlo con niños!

Mi experiencia comenzó apenas subí al avión (ya que nunca había viajado sola a otro país), me sentía muy emocionada y al mismo tiempo tenía miedo porque no sabía lo que podía pasar creo que mi peor miedo era llegar y no encontrar a mi host ahí pero menos mal no fue así ya que ni bien llegue tuve la oportunidad de conocer a la que sería mi familia por un mes y medio que duro mi intercambio, convivir con ellos me hizo aprender mucho acerca de la cultura brasilera como el idioma ( fui sin hablar nada y regrese entendiendo todo), la comida ( es deliciosa en especial los jugos), la música (siempre están cantando o bailando), el horario ( me costaba al comienzo ya que ellos están 3 horas adelantados), limpieza ( acostumbran a andar sin zapatos en la casa) incluso tuve que adaptarme al clima ya que es muito quente!!! (Muy caliente). Es impresionante como un país latino americano que se encuentra tan cerca de Perú es tan diferente pero lo que se tiene en común sin duda alguna es el calor familiar ya que mientras conviví con ellos me sentí en familia y como en casa.
Una vez que conocí a mi familia tuve la oportunidad de conocer a mi equipo de trabajo lo cual fue genial porque pude interactuar con personas de distintos países (chilenos, colombianos, uruguayos, argentinos, egipcios, turcos, alemanes, etc) aprender acerca de su cultura, comprender su manera de pensar, sus costumbres, tradiciones y hasta sus jergas! Muy simpáticos todos formamos un lindo equipo de trabajo lo mejor de todo es que todos estábamos unidos por una misma causa que es la de hacer un cambio en el mundo, tal vez no entendía la magnitud de esta frase o cuanto significaba hasta que llegue a la ONG a trabajar con los niños, conocerlos y saber lo importante que mi presencia era ahí para ellos, ver sus caritas con una gran sonrisa que reflejaban esperanza me llenaba el alma, al comienzo no fue fácil ya que no entendía el idioma y no sabía cómo expresarme con ellos pero a medida que fueron pasando los días tanto ellos como yo aprendíamos mucho, saber su historia de cada uno de ellos que su vida no es color de rosa que viven en lugares donde los hogares disfuncionales es lo más normal del mundo, donde reina la violencia, las drogas son como el dulce de cada día y abrirles el panorama hacerles saber que el mundo no es en esas cuatro paredes sino que hay más y que al partir y despedirte de ellos te cuenten sobre sus sueños para mí fue un gran sentimiento de satisfacción y amor al mismo tiempo entonces pude entender que SI NO VIVES PARA SERVIR NO ESTAS VIVIENDO.

Cuando regrese a mi casa nada volvió hacer lo mismo, saque de mi vida hábitos malos que tenía, adopte nuevas costumbres, de hecho me volví más sociable, empecé a darle más sentido a mi día a día y a luchar más por mis sueños a trabajar y a dedicarme a ellos, fuera de todo me di cuenta que una parte de mi corazón la deje en la ONG desde aquí aplaudo el trabajo que hacen día a día con los niños y agradezco la oportunidad que nos brindan de ser parte de ese gran cambio. Si mi preguntan si volvería a vivir esa experiencia respondería que la volvería a vivir una y otra vez ya que para mí ese viaje fue insuperable muy diferente a cualquier viaje que uno pueda hacer, es uno de esos viajes que te dejan millonaria el alma.

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Cuando regrese a mi casa nada volvió hacer lo mismo, saque de mi vida hábitos malos que tenía, adopte nuevas costumbres, de hecho me volví más sociable, empecé a darle más sentido a mi día a día y a luchar más por mis sueños a trabajar y a dedicarme a ellos, fuera de todo me di cuenta que una parte de mi corazón la deje en la ONG desde aquí aplaudo el trabajo que hacen día a día con los niños y agradezco la oportunidad que nos brindan de ser parte de ese gran cambio. Si mi preguntan si volvería a vivir esa experiencia respondería que la volvería a vivir una y otra vez ya que para mí ese viaje fue insuperable muy diferente a cualquier viaje que uno pueda hacer, es uno de esos viajes que te dejan millonaria el alma.

Camila Gabriela Leyva Mendoza

Vitoria, Espirito Santo – Brasil