Cambia el mundo y cambia tu mundo a través del voluntariado

“Dormía…, dormía y soñaba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir… y el servir era alegría.”

Rabindranath Tagore

En una época en la que las apariencias parecen ser lo que determina el fondo, hoy más que nunca debemos estar dispuestos a arriesgarnos para descubrir quiénes somos, lo que queremos y en esencia descubrir cuál es el mundo en el que queremos vivir. Entonces la clave de esto está no tanto en lo que hacemos por nosotros si no por los demás

¿Qué mundo es el que queremos?, ¿qué podemos hacer para cambiar las problemáticas que nos rodean?, ¿buscamos impactar verdaderamente en el mundo  o solo impresionar a los otros?, ¿estamos dispuestos a renunciar a nuestras ambiciones egoístas por un solo segundo para ayudar al otro?, ¿Le daríamos la vuelta al mundo para transformar la realidad de una sola persona a la que nunca  antes habíamos visto?, ¿A qué estamos dispuestos a renunciar para mejorar como personas y para crear un mejor mundo?

Probablemente nunca nos hemos planteado estas preguntas, poco recurrentes en los  test vocacionales o en las reuniones familiares, donde muchos son los parientes que quieren saber todos sobre nosotros,  nuestro programa favorito, quienes son nuestros amigos o si ya tenemos novio, pero no sienten curiosidad por lo que sentimos o lo que en verdad queremos.

Estas preguntas son aquellas que nos hacemos cuando pensamos en que definitivamente hay algo más, algo más por hacer, por  entregar, por dar… Y no hay mejor ejemplo de dar, que entregarnos por completo a una causa en la que creamos, que embarcarnos en una aventura que promete poco, que nos asusta y nos sacude, pero que al final del viaje  nos brinda tanto que no cabemos en nosotros mismos de la alegría.

Al estar inmersos en una vida con prisas, es fácil olvidar nuestras aspiraciones y solo volcarnos en una rutina avasalladora, palabras sin sentido y sonrisas vacías. Enfocados “solo en lo nuestro” nos dejamos atrapar, absolutamente por todo,  el tráfico, la televisión, las discusiones y rencores infantiles que ponen en evidencia que podemos hacer las cosas, pero que hace mucho hemos dejamos de sentirlas.

En un mundo en el que todo parece carecer de sentido existen personas que son capaces de marcar la diferencia, es aquí donde encontramos a Debra,  estudiante de psicología de tan solo 18 años, que a pesar de su juventud posee una férrea decisión y un gran espíritu, su experiencia como voluntaria con AIESEC  formando parte de una comunidad de voluntarios apoya a los niños más necesitados de Panamá, no solo le  ha permitido que su perspectiva sea distinta sino que le ha brindado la oportunidad a muchos chicos olvidados y necesitados de una figura que los impacte, descubrir su importancia, reconocer su valía  y consolidar su talento a través de la mirada y el apoyo constante de Debra.

Apuesta por el proyecto

“No escogí mi intercambio por el país, si no por el proyecto, que era con niños  y me gusta trabajar mucho con niños, me llamaba la atención como a través del arte, de la danza, podían hacer que niños de bajos recursos que habitan en las llamadas “zonas rojas” del país,  lugares donde existen drogas, prostitución o delincuencia, quieran superarse y salir adelante, en el caso de la danza, a través de esta pueden ocupar su mente en otra cosa y querer ser algo mejor, no cometer errores que sus familiares cometieron”.

Residiendo en San Antonio desde hace más de seis semanas, Debra se traslada cada día a una zona que quizá no sea el paraíso turístico que Panamá presenta en sus afiches, pero que sin embargo está lleno de esperanza por el cambio.  Esta institución brinda una oportunidad, cuyo engranaje es capaz de ponerse en marcha gracias a sus voluntarios, que ayudan a niños y adolescentes a expresarse y conocerse a sí mismos a través de talleres, de baile, gastronomía, arte,  entre otros, los niños tienen la oportunidad de expresarse, de dar un testimonio de lo que son y lo que desean ser. De encontrar una alegría en entregarse por otro.

Personas como Debra, no se encuentran a cada instante, platicar con ellas es algo vivificante,  su energía contagiosa y su apuesta por impactar en el mundo, nos hace ver que lo que las hace movilizarse es el dar, servir, hacer algo verídicamente por alguien sin esperar por ello una recompensa, ella misma lo afirma: “Desde pequeña mi abuelo y mi madre me enseñaron a siempre ayudar a las personas que más lo necesitaran y si está en mis manos hacerlo, lo puedo hacer y lo voy a hacer, siempre me enseñaron que hay que ser desprendidos con las cosas que uno hace y retribuir un poco,  no solo por las personas que tenemos sino por las cosas que la vida te da, retribuir a las personas que tal vez no tiene la suerte que yo tengo, pero que tienen los mismos sueños”.

El poder de las personas: la oportunidad de encontrar otro hogar a miles de kilómetros de casa

“Llegué a Panamá un dos de enero, vivo en San Antonio, la familia con la que me quedo es súper atenta, me hace sentir como en casa, increíbles personas”…  Una de las piezas clave en el intercambio de Debra ha sido indudablemente la familia con la que se ha quedado, a través del programa Familias Globales, pese a lo difícil que ha resultado separarse de su familia ha encontrado el calor de hogar necesario para sentir que no está sola y que la labor que hace es algo que no solo los niños aprecian si no también toda la comunidad de San Antonio, esta seguridad y compañía le permite a muchos voluntarios realizar su intercambio con mayor efectividad: “…llegué a la fundación después de cuatro días, la fundación se llama  Espacio creativo y el proyecto por el que vine se llama Enlaces, aquí los niños a través del arte enfocan su mente,  potencian y descubren sus talentos, para que busquen superarse a sí mismos, explorar el mundo y saber que pueden llegar a mucho más”.

La libertad como pieza fundamental

La nostalgia embarga a Debra cuando se refiere a su familia, recordar a sus seres queridos la entristece  pero al mismo tiempo le alegra saber que cuenta con su apoyo incondicional y que muy pronto volverá a verlos, no obstante,  posee sentimientos encontrados por volver a casa pero también por todos los lazos creados a lo largo de su experiencia, tal ha sido el grado de impacto que ha causado y recibido que son muchos los niños que le piden que se quede apoyándolos al menos un año.

Sin embargo junto con la palabra nostalgia, que la ayuda a recordar quien es y mantener los pies en la tierra, Debra nos habla de la  libertad, como una pieza fundamental al momento de realizar un voluntariado: “Al momento de venir al país fui libre de conocer nuevas experiencias, culturas, vivencias, de hacer lo que podía proponerme, lo que uno cree que  no es capaz de hacer ¡y lo hace!, fui libre de cumplir sueños que no pensaría que lograría tan pronto, tuve libertad para ayudar a las personas y sacar sonrisas, que va a ser siempre la mejor recompensa, que pueden  transmitir todo, la sonrisa de esos niños es algo que jamás se me va a olvidar”

Una importante lección

Debra nos asegura que tomando un voluntariado lo esencial no son las fotos si no aquello que nos guardamos en el corazón: “llevarnos la mejor experiencia que podamos tener, aportar un granito de arena por un cambio en el mundo,  la mejor recompensa es dejar en alto el nombre del país, lo que somos y cómo podemos llevar esto, cómo podemos disfrutar plenamente nuestra experiencia”.

Un último consejo que Debra  nos deja es: “Arriésguense. Tomen mucho valor y arriésguense, parece difícil alejarse del país, pero van a conocer a personas increíbles y llevarse la mejor experiencia de todo esto. Nunca se es tarde para empezar a ayudar, mientras uno tenga voluntad todo, todo va a ser  es posible, un voluntariado es la mejor experiencia que uno podría llevarse, así como yo tuve esta experiencia los invito a tomar parte de esta aventura”.

En un mundo en el que es más fácil quedarnos en casa y postear memes desde el sofá, existen personas como Debra que están dispuestas a arriesgar para ganar, no un mejor sueldo, no un bronceado perfecto, no una galería de fotos llena de likes, si no algo más, algo que no se puede tocar, pero que sí se puede transmitir y sentir, que no tienen la mayor experiencia, pero que son quienes desean un mundo mejor y no se quedan en casa esperando a que este mundo llegue a ellos o  se cree mágicamente, salen al mundo y brindan lo mejor que tienen, esperando que su granito de arena sirva para cambiar en algo el mundo pero transformar radicalmente su mundo interior, encontrando quienes son a través del servicio.

Si quieres vivir una historia de impacto como la de Debra  y ser un voluntario por el mundo inscríbete en: www.aiesec.pe/voluntario-global/

 

Autor: Luisa Calderon

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