Enseñar para Inspirar

Esta es una carta de una amiga mía de México que quiero compartir con ustedes:

“Desde que regresé hace 2 días , he estado recorriendo pequeños pueblos en el interior de mi país. Las razones por las cuales viajé son muchas, pero ninguna se acercó a lo que aprendí y conocí. Mientras caminaba por el mercado hace unas horas- al que vine durante mi estadía aquí-, observé a unos niños que desde que llegué trataban de vender las mismas hortalizas.

Me acerqué solo por curiosidad. Ambos me observaron y empezaron a hablarme.

Era chol. Mi nivel para comunicarse en ese lenguaje era tan avanzado como mi español a 9 los meses. La reacción más lógica era sonreír, comprar, sonreír e irse. Pero, mi reacción fue distinta después de mi intercambio.

Me acerqué solo por curiosidad. Con señas les pedí que me contaran qué clase de hortaliza era una roja intensa que me llamó la atención. Ellos se sorprendieron y también con señas me empezaron a contar. Se lo tomaron muy en serio.

Me contaron las maravillosas costumbres, me señalaban caminos “mágicos”, bailes y palabras. Pero también me enteré en ese momento del vacío que sienten algunas tribus, y pueblos alejados, de algunos problemas y conflictos internos que han tomado víctimas, desplazamientos forzosos, de que por los cuales, estos pequeños estaban tratando de vender lo poco que les quedaba para poder moverse de ahí. Y no, no se iban sin un plan. Iban a seguir los pasos de su hermano mayor.

No me dijeron que era su hermano o que es lo que hacía (puedes imaginarlo), pero en nuestra “conversación” pude contarles que fue lo que yo logré hacer fuera de mi país y cómo llegué hasta ahí. Les enseñé fotos, y sus ojos brillaban como si estuvieran viendo estrellas, les enseñe unas palabras y cuentos simples, que para ellos era todo un regalo.

Luego de un rato más, decidí irme. Uno de los niños me abrazó y me dijo que él ya no quería ser como su hermano, que quería ser como yo.

Amiga, yo lo inspiré. O sea, yo. Lloré como una niña. En mi propio país pasaban cosas horribles, cosas tristes y yo lo ignoraba. Ese pueblo, esas costumbres habían sido mis raíces. Tuve que salir de aquí para regresar con valor para abrir los ojos y hacer algo por mi propio país.

Amiga mía, hoy descubrí, que voy a enseñar para inspirar.”

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